del marketing al branding

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Del marketing al branding

17 Febrero 2017

El empirismo, aquella ciencia que trata de darle una racionalidad justificada a la conducta del ser humano, se ha convertido en el corazón del marketing, un corazón que, desde mi punto de vista, se encuentra lejos de entender las emociones de las personas y que convirtió a las marcas en entes fríos, anteponiendo sobre cualquier cosa a la rentabilidad.

Los estudios de mercado, la estadística, las probabilidades y demás, condicionan casi todas las veces la razón de ser de una marca, haciendo de éstas tan solo un mecanismo de lucro y a la vez de supervivencia.

Inherentemente a este proceso se desarrollan las personalidades de las marcas, y es que los humanos contamos con la capacidad de humanizar casi todo, lo que nos permite ser sensibles no sólo con otras especies, sino también con los objetos y con los imaginarios, logrando de esta manera establecer vínculos emocionales con animales, plantas, objetos y marcas.

Cuando las marcas son frías, las personas las ven como explotadoras y que solo buscan su beneficio, inclusive a tal punto de verlas como enemigas de la propia humanidad.

Por otro lado, esa humanización de las marcas nos permite descubrir qué hay más allá del marketing, debido a que las marcas requieren otro nivel de comprensión, no para garantizar su supervivencia, sino más bien, su convivencia en armonía con la humanidad. Para este proceso más allá del marketing, nace el branding.

El branding explora el pensamiento humano, a fin de establecer un vínculo emocional, fuerte y duradero entre el consumidor y la marca, en pocas palabras, fidelizarlo, dotando a las marcas con un corazón real, lleno de emociones, y con una visión que va más allá de la mera rentabilidad, lo cual no es sencillo y por ende, no todas lo logran.

Y es que el branding no vela por reducir los márgenes de error o elevar los índices de éxito. El branding hace de tu marca fiel a su razón de vida y le permite interactuar con la humanidad de forma positiva y, sorprendentemente, los resultados indirectamente conducen a una mayor rentabilidad y una mayor fidelización en un mayor tiempo. Es decir, un círculo virtuoso.

El branding no busca la calidad, la calidad es inherente a él, el branding no busca darte lo que necesitas, piensa más allá y descubre lo que realmente requieres sin que tú lo sepas; el branding es el camino espiritual de las marcas.

Considero que el branding ha puesto sobre la mesa, un nuevo tiempo para las marcas, un renacimiento donde inclusive las marcas pueden enseñarnos a cómo ser humanos y sensibles el uno con el otro.

Creo que el tiempo de las marcas sin corazón ha terminado y que la visión de éxito para las marcas debe cambiar, el éxito de una marca debe basarse en sentirse bien consigo misma y consecuentemente, el resultado será positivo financieramente para ésta, porque las personas cada vez rechazan las marcas con caretas, aquellas que prometen lo que no tienen y manipulan sólo por buscar la rentabilidad.

Es por ello que el branding entiende que lo primordial para una marca son las personas y lo que la marca brinda a éstas será lo que recibirá. La marca no puede dar lo que no tiene, una marca no puede prometer felicidad si ésta no es feliz y mucho menos si no entiende lo que significa ser feliz y para ello no se requiere de empirismo.

Bienvenidos al branding.

Dobano

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